Soltar desde el Amor: el día que deje a Jr en Barranquilla

Estoy escribiendo esto frente a mi computador, con el corazón un poquito apretado pero también con la certeza de que todo va a estar bien. Escribo para ti, mujer que quizás ya viviste lo que yo estoy atravesando. O que lo estás viviendo ahora. O que algún día lo vivirás. Escribo para que mi experiencia se convierta en un puente, en una mano extendida, en una voz que te diga: “No estás sola”.

Desde que me separé a finales del 2012, he vivido un proceso profundo de reencontrarme conmigo, pero sobre todo, de encontrarme con Jesús. Todo empezó con los hábitos que construí por JR, mi hijo, y desde entonces, Dios me ha guiado con amor en cada etapa. Pensé ingenuamente que esta sería una más. Que el día que él se fuera a vivir solo a Barranquilla, lo viviría como una mamá madura, fuerte, consciente. Pero la vida, como siempre, me mostró que soltar también duele, aunque sea por amor.

No estaba lista… aunque creía que sí

Enfrentar ese apartamento vacío, la brusquedad del cambio, me costó. Me escondía detrás de la frase “un día a la vez”, que aunque poderosa, en ese momento era mi refugio para no sentir. Mientras JR soñaba con su independencia, yo me sumergía en la limpieza general de la casa, tratando de ocupar cada rincón y cada pensamiento. Me volví irritable, todo me molestaba… hasta que llegó el momento.

Recordé cómo fue mi mamá conmigo cuando me fui a vivir a Bogotá después de estudiar en Estados Unidos. Ella fue ternura pura: compró todo conmigo, me acompañó, me ayudó a organizar cada rincón. Yo quería hacer lo mismo con JR. Pero él… no quiso.

— Mami, yo lo hago solo. Tú solo cómprame las cosas y yo organizo.

Sentí un golpe sutil pero profundo. ¿Rechazo? ¿Distancia? ¿Indiferencia? No, era simplemente su forma de decir: “Déjame crecer a mi manera”. Pero mi niña herida no lo entendió así. Se activaron expectativas, heridas viejas, creencias que me decían: “Esto te pasa porque tú hiciste sufrir a tu mamá”. Mentiras que se cuelan en momentos de vulnerabilidad.

De mamá herida a mujer consciente

Gracias a la oración, al journaling y a la meditación, comencé a observarme. Me di cuenta de que no estaba reaccionando como la mujer adulta y espiritual que soy, sino como esa niña herida que no quería sentirse sola ni rechazada. Comprendí que esto no era un tema con JR, sino conmigo.

Él no se iba de mi vida. Solo se mudaba. Seguía siendo mi hijo, y yo seguía siendo su mamá. Mi tarea ahora era soltarlo no al mundo, sino a los brazos de Dios. Porque Él puede cuidarlo mucho más de lo que yo jamás podría.

Lo que cambió fue la forma, no el amor

Hoy lo miro y me llena de orgullo. No por sus logros, sino por su valentía. Por su esencia. Por todo lo que he sembrado en él y sigue floreciendo. Ya no lo veo con nostalgia sino con amor. No se fue… estamos evolucionando. Y esta nueva etapa no significa perderlo, sino reinventar la forma de amarlo.

Ahora mi misión es recordarle que su mamá cree en él, que su mamá confía en su camino, que aunque vivamos en ciudades distintas, nuestra conexión es eterna. Y yo… yo sigo aquí, creciendo también.

🌻Estás viviendo algo parecido? Aquí te dejo algunas acciones que me ayudaron:

✨Permítete sentir sin juzgarte. Llora si lo necesitas. Grita. Escribe. Pero no te exijas estar bien todo el tiempo.

✨Haz journaling. Pregúntate qué estás sintiendo y por qué. Muchas veces, lo que duele no es lo que pasa, sino lo que creemos sobre lo que pasa.

✨Ora o medita. Entrégale este proceso a Dios. Él entiende tu corazón incluso cuando tú no puedes explicarlo.

✨Rompe las expectativas heredadas. No compares tu historia con la de tu madre, tus hermanas, tus amigas. Tu hijo es único. Tu proceso también.

✨Busca apoyo. Habla con alguien que te escuche sin juzgar. A veces, solo necesitamos una voz que nos diga “te entiendo”.

✨Crea nuevos momentos. En vez de quedarte en el vacío de lo que ya no es, piensa en todo lo nuevo que puedes construir: viajes, llamadas especiales, cartas, sorpresas.

✨Confía en lo sembrado. Los valores que le diste siguen en él. Y lo acompañarán incluso cuando tú no estés cerca físicamente.

Este blog no tiene un final. Porque este proceso apenas comienza. Porque así como él inicia su aventura en Barranquilla, yo empiezo una nueva conmigo misma. Y estoy segura de que muchas, muchísimas mujeres, están volviendo a sí mismas como yo.

Gracias por leerme.

Con amor profundo,
Caya Varón🩷

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Te abrazo con toda el alma

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